El monstruo peludo

el monstruo peludo

A: Henriette Bichonnier I: Pef  E: Altea benjamín, 1982

Nos ha encantado recordar junto con nuestros hijos esta versión macarra de La Bella y la Bestia que nosotros leímos en nuestra más tierna infancia.

Por supuesto que la horrenda imagen del monstruo peludo es inolvidable, pero nos ha sorprendido descubrir, que había otro detalle de las ilustraciones que había conseguido sobrevivir a la abundante información (aunque no por ello útil), que hemos ido acumulando en nuestra memoria a lo largo de…muchos años: el interminable cable telefónico del  animal peludo, inconfundible espagueti rojo y blanco imposible de destruir.

Nos encontramos frente a una historia divertida y canalla, cosa que animó a su ilustrador a aceptar el encargo (según Pef, por fín había encontrado una historia para niños que no fuera un rollazo).

Lucila ha encandilado a nuestros hijos por el descaro de sus rimas, que nos hacen repetir una y otra vez, y les ha encantado descubrir a una princesa que aunque tiene castillo, ni es rosa ni busca un príncipe (aunque puede que lo encuentre sin querer…).

Las ilustraciones del monstruo que Pef realizó, no podían ser más peludas ni más repugnantes, y llegan a su momento culmen cuando el animal se nos presenta en plena explosión de rabia con sus diferentes elementos esparciéndose por doquier (ojos, dientes y lengua incluidos). De hecho, es una de las páginas que más han gustado en nuestra casa, y hemos pasado un buen rato intentando descubrir qué era cada uno de los pedacitos…

Os animamos a que leáis este álbum, ya que es una de esas historias que no presupone que el lector o lectora sea un ñoño.

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2 pensamientos en “El monstruo peludo

  1. Un día hice este poema para mis niñas, que dicen que las princesas no hacen caca.

    Había una princesa marrana,
    que hacía caca en la palangana,
    nunca se lavaba las manos
    y pegaba los mocos a su hermano.

    Nadie a su lado aguantaba,
    de la peste que echaba,
    la tiraron a la fuente
    y quedó limpia y reluciente.

    Pero tanto se enfadó,
    que en un año no se lavó.

    Se enfadaron mucho, pero yo se lo digo: hay princesas de boca de fresa, y princesas sucias y malhabladas.

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