¿A qué sabe la luna?

a qué sabe la luna

A: Michael Grejniec   I: Michael Grejniec   E: Kalandraka, 2006 (1ªE: Bohem Press, 1993)

“Hacía mucho tiempo que los animales deseaban averiguar a qué sabía la luna”. Con esta frase, el autor de este álbum ilustrado da comienzo a la aventura de conseguir saberlo.

Tras una pequeña introducción de todos los esfuerzos fallidos realizados hasta el momento, aparece el símbolo de la determinación: la tortuga.

Con lo absurdo de su pequeñez pero gracias a la fortaleza de su caparazón, decide ser el cimiento, la piedra angular que siembra la seguridad de conseguir tan inalcanzable reto.

Una serie de animales deciden cooperar y subirse uno sobre otro, con intención de alcanzar el preciado satélite, hasta que finalmente, el ratón, tras encaramarse a lo más alto de la torre animal, consigue dar un mordisco a la gran galleta lunar.

Nos ha encantado esta fábula que nos habla de esfuerzo y cooperación, y de cómo al conseguir un reto colectivo nos vemos, incluso, individualmente satisfechos: ¿a qué sabía la luna?, habrá que preguntar a cada uno de los castellers…

Lo hemos entendido también como un reconocimiento a los pequeños, a los humildes, que a pesar de su aparente insignificancia pueden convertirse en la pieza necesaria para llegar a conseguir un anhelo colectivo (algo en lo que pensar en estos tiempos que corren…)

Las ilustraciones han encantado a nuestros hijos, pero tenemos que decir, que a los adultos de la casa (con una imaginación mucho más limitada por el paso de los años…), nos han resultado un tanto inquietantes: la oscuridad de la noche (necesaria para ver la luna, claro), y la rugosidad del papel de acuarela (aumentada a lo bestia hasta casi tocarla) hace las imágenes un tanto groseras, o…como decirlo…verdaderas. Sin trampa ni cartón.

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Donde viven los monstruos

donde viven los monstruos

A: Maurice Sendak   I: Maurice Sendak   E: Editorial Alfaguara, 2005 (Escrito en 1963)

Lo tenemos que confesar. El niño monstruo nos ha parecido un pequeño capullo. Sí, también es cierto que luego nos ha conmovido y lo hemos indultado, pero así, de entrada, estaba condenado a pertenecer al grupo de personajes “non gratos”, junto con “bizcochito de miel”, protagonista del álbum Ningún beso para mamá, de Tomi Ungerer, que ya hemos tratado en otra ocasión.

Un niño que tras montar un tendedero en la entrada de casa (con las cuerdas clavadas a las paredes, por supuesto), y tras intentar trinchar a su mascota con ayuda de un afilado tenedor, todavía se permite la licencia de desafiar a su sufrida madre. Tras el grito por parte de su madre: “¡MONSTRUO!” (consecuencia del consumo total de la paciencia materna), el pequeñín apenas se digna a contestar: “¡TE VOY A COMER!”.

En plena efervescencia de cabreo irracional, el angelito se crece, osa enfrentarse a sus miedos infantiles, y se imagina dominando a todos esos monstruos garrudos y con enormes ojos amarillos (nos los imaginamos además inyectados en sangre). Domina la situación, somete a los monstruos y se pega la juerga padre, pero en un momento determinado, la seguridad que le da la calentura de su cabreo se empieza a agrietar, y vuelve a sentir la necesidad del amor materno, que él (y los lectores), lo percibe en forma de entrañable y casero olor a sopa caliente. Además, descubrimos otro síntoma de esta falta de seguridad repentina, ya que se cuela dentro de la aventura creada en su cabeza una frase amenazante en boca de los monstruos, que hasta entonces se suponían rendidos a sus pies: “te comeremos”

Os animamos sinceramente a que conozcáis este álbum, y a que disfrutéis con sus magníficas ilustraciones, que dan forma a los monstruos peludos y amenazadores que acechan tras las puertas de los armarios.

Mañana, día del libro, es un buen día para eso.

Aman Sabah

Aman Sabah

Este fin de semana, y gracias a un buen amigo, nuestros hijos han conocido a un personaje que les ha fascinado: Aman Sabah (nos permitimos la licencia de escribirlo así, aunque no sabemos qué opinaría Homer al respecto…).

Les han encantado sus historias; aventuras de capas de invisibilidad y botas de siete leguas, resistentes chalecos de orco y la increíble capacidad de crecer y menguar…

Aman Sabah, acompañado de su flautín (una nueva licencia), ha apaciguado a las fieras.

Deseamos que todos los que nos leéis lleguéis algún día a conocer a Aman Sabah y sus historias, historias que, hasta ahora, sólo viven en el aire, y no en el papel.

Gracias por estos cuentos de antes de dormir; y por estos días.

Sapo y Sepo, inseparables

sapo y sepo

A: Arnold Lobel   I: Arnold Lobel   E: Alfaguara Infantil, 2012, 35ª edición (Escrito en 1971)

Sapo y Sepo. Dos anfibios, amigos inseparables.

A los que tenemos alguna cana su relación nos recuerda a los “felpudos” Epi y Blas. Los une una amistad entrañable e incondicional, pero tienen sus más y sus menos en cada uno de los capítulos, pequeños piques y enfados que los chavales entienden a la perfección, ya que son expertos en esas lides.

Sepo sueña que está sobre un escenario frente a un solo espectador, Sapo, el único al que realmente quiere impresionar. Pero a medida que va creciendo su ego alimentado por las adulaciones, ve como Sapo va menguando, en el sentido literal de la palabra, hasta que abrumado por el éxito de su amigo, desaparece engullido por la butaca. El hecho de perderlo, hace a Sepo reflexionar y no puede describir su alivio cuando despierta de su exitoso sueño y ve a Sapo con su tamaño habitual.

Cada uno de los libros de Sapo y Sepo cuenta con varios capítulos diferentes, lo que encanta a los pequeños lectores, ya que tienen la impresión de leer un libro de “mayores”. Nosotros se lo hemos leído a nuestros hijos, pero creemos que son unas historias geniales para los niños que comienzan a leer por sí sólos.

El capítulo que más ha gustado en nuestra casa ha sido aquel que ridiculiza la supuesta valentía de estos dos amigos, que lejos de ser valerosos, se animan el uno al otro, mientras huyen y tiemblan: “¡No tengo nada de miedo!”

Las ilustraciones, algo oscuras, enmarcan las historias en una dimensión atemporal y unos marcos bucólicos y cordiales.

Tras leer las cinco historias, realmente nos hemos metido dentro del mundo de Sapo y Sepo, mundo en el que sólo habitan ellos dos, con algún ocasional visitante animal.

Sí, podemos decir que nos han caído bien. Leeremos más de sus historias. Os animamos a que los conozcáis.

Uno, dos, tres, ¿qué ves?

uno, dos, tres

A: Nadia Budde   I: Nadia Budde   E: Faktoría K de libros, 2005 (1ªE: Peter Hammer Verlag Gmbtt, 1999)

Uno, dos, tres, ¿qué ves?, es un juego de rimas aparentemente sencillo pero que da para mucho.

Un grupo de tres y una rima de unión que da paso a otro peculiar trío: “…con sombrero, con careta, lengua de trapo – gato – cansado, enfermo, sonriente – perrito caliente – …” Cada uno de ellos acompañado de una ilustración, a cada cual más gamberra y canalla: “…lenguado – con María, con Lucía, con Sarita…” María feliz con su pecera, Lucía salivando frente a su pescadito frito, Sarita, miope y ausente, no se da cuenta de que tras ella nada un lenguado enorme.

Hemos disfrutado de la gran cantidad de posibilidades que tiene este álbum. Es una buena opción para aquellos niños y niñas que estén aprendiendo a leer; escrito en grandes letras mayúsculas, mantendrá su atención tanto por las rimas absurdas como por las sencillas ilustraciones llenas de intención.

“Uno, dos, tres…” nos saluda esta peculiar pandilla en la portada del libro, y tras un divertido recorrido, volvemos a encontrarlos en la orilla, con el topo, con el caimán, con el canguro…para finalmente despedirse en plan “foto familiar”: ¡Adiós chaval!

Y tras unas pocas páginas, nos quedamos con la sensación de haberlo pasado pipa con el juego que nos ha propuesto esta pandilla de dentudos.

Nublado con probabilidades de albóndigas

nublado con...

A: Judi Barrett   I: Ron Barrett  E: Editorial Corimbo, 2012 (1ªE: Simon & Schuster Children’s Publising División, 1978)

Nublado con probabilidades de albóndigas ha despertado nuestro apetito…al igual que es preferible hacer la compra con la tripa llena, aconsejamos leer este álbum ilustrado antes de dormir. Nunca antes de comer, merendar o cenar, ya que los más apetitosos manjares que hayáis preparado a vuestros pequeños se verán insignificantes, escasos e insípidos comparados con las obscenas hamburguesas y  las chorreantes tortitas gigantes del menú que Ron Barrett prepara para el pueblo de Tragaycome (un menú un poco yankee para nuestro gusto…)

Un pequeño accidente durante el desayuno provoca que el abuelo de la protagonista y su hermano Henry se invente una disparatada historia que les contará esa misma noche antes de dormir, la historia de un pueblo como otro cualquiera, la historia del pueblo Tragaycome, en el que el cielo les proporcionaba toda la comida que querían.

Los habitantes de Tragaycome estaban muy atentos a la previsión meteorológica, en la que les avisaban del pronóstico para el día siguiente: intensas lluvias de sopa, copos de guisantes o puré de patatas, grandes vendavales de hamburguesas… De esta forma, bien informados como estaban, salían a la calle por la mañana con los cubiertos y el menaje de cocina adecuado para el menú de cada día.

La comida era variada y abundante, todos estaban encantados, hasta que el tiempo comenzó a empeorar de manera preocupante, y las intensas precipitaciones de aceitunas gigantes, los tornados de tomate o las acumulaciones de varios centímetros de sándwiches de queso se volvieron realmente peligrosas.

Nos ha encantado esta historia delirante e imaginativa, acompañada de unas ilustraciones magníficas, llenas de movimiento y detalles infinitos: los salpicones de salsa de tomate más allá de los estrictos límites del cuadrante reservado para la ilustración,  los nombres de las calles y los comercios de Tragaycome, la dentadura postiza aferrada a un perrito caliente que sale disparada de la boca de su anciana dueña…

Os animamos a que disfrutéis de este menú tan particular.

¡Qué bonito es Panamá!

qué bonito es panamá

A: Janosch   I: Janosch  E: Kalandraka, 2010 (1ªE: Beltz & Gelberg, 1978)

Pequeño tigre y pequeño oso viven felices en su casita junto al río. No echan nada en falta, no suspiran por nada, no añoran nada. Disfrutan de su plácida vida en un lugar bucólico que les ofrece todo lo que necesitan: pescados que pequeño oso pesca en el río y setas que pequeño tigre recoge en el bosque.

Pero un día, el río arrastra hasta su pequeño paraíso una caja vacía en la que se puede leer la siguiente inscripción: Panamá. Y esta caja, desprende un embriagador olor a plátano…

Pequeño oso y pequeño tigre sacan sus conclusiones; Panamá es el país de sus sueños, una país lleno de plátanos en el que nunca les faltará de nada. ¿Porqué han llegado a esa conclusión?, porque ven la caja, porque huelen a plátano…

A partir de ese momento, a toda prisa, con una repentina urgencia por conocer el lugar donde verdaderamente serán felices, se ponen en marcha en busca de la tierra prometida.

Conocen a distintos personajes (el ratón, el zorro, la corneja…) y finalmente, tras un largo camino, avistan desde lo alto de un árbol su ansiado destino: Panamá. Allí abajo ven un precioso río (que resulta ser su río), una preciosa casita (que resulta ser su casa), un precioso paisaje (que resulta ser ese en el que han vivido toda su vida).

Así, convencidos de que han encontrado el paraíso terrenal, se instalan en él y consiguen ser felices (tan felices como resulta que eran antes de partir…).

Nos ha encantado esta fábula que tan bien representa todas las urgencias de los niños y los adultos, que empeñados en detectar esos paraísos que otros dicen tener, no nos damos cuenta de que puede que no necesitemos más de lo que ya disfrutamos.

No sabemos si será para contrarrestar los recuerdos del autor sobre su dura infancia durante la segunda guerra mundial, azotada por la miseria y la represión nazi, pero veréis que este álbum ilustrado se ambienta en una especie de sueño veraniego infantil, feliz y despreocupado, que a los adultos de casa nos ha hecho recordar nuestras interminables vacaciones infantiles.

Ya estamos de vuelta

Tras nuestras vacaciones escolares, que hemos aprovechado, entre otras cosas, para recorrer bibliotecas y librerías, ya estamos de vuelta.

Volvemos cargados de nuevas historias que, estamos seguros, ensancharan nuestra imaginación y la de nuestros hijos; ahí va la primera…