La cocina de noche

la cocina de noche

A: Maurice Sendak   I: Maurice Sendak   E: Kalandraka Editora, 2014 (1ªE: HarperCollins Children’s Books, 1970)

Primero: deciros que hemos encontrado una cita de Maurice Sendak que consigue expresar lo que nosotros sentimos de niños y lo que estamos intentando transmitir a nuestros hijos.

“Cuando mi padre me leía, me recostaba sobre él y yo pasaba a ser parte de su pecho o su antebrazo (…) Cuando no sólo oyes un cuento entrañable, sino que además eres abrazado por la persona más importante del mundo para ti, la conexión que se establece dura toda la vida”. Snif.

Bueno, se acabó este momento lacrimógeno. Y nada mejor para pasar este instante enternecedor que hablar de un personaje de Maurice Sendak, en este caso, Miguel.

Si estáis buscando un protagonista dócil, obediente y poseedor de todas las virtudes de un buen hijo, os recomendamos que NO busquéis en la bibliografía de Maurice (hala, como si fuese de nuestra familia…) Los pequeños que retrata Maurice son imaginativos, activos, inquietos y aventureros. Les encanta explorar, arriesgar y pensar y no siempre como a sus progenitores les gustaría. Ahí va la historia:

Miguel se encuentra en ese estado de duermevela previo al “ceporrismo” total, al “amarmotamiento” irreversible y comienza a soñar, siendo consciente aún de que está entre las sábanas de su cama. Se eleva del colchón y pierde la ropa por el camino (lo que hizo que el álbum fuese censurado en EE.UU. e incluido en la lista de los 100 libros más provocadores de la American Library Asociation…ejem…)

Vuela, vuela y aterriza sobre la masa de un pastel: el pastel de Miguel. Y así empieza este paseo nocturno por la cocina. Los tres cocineros “Oliver Hardy-anos” (un poco siniestros, un poco sádicos y muy bien alimentados) acompañan a Miguel, quien consigue llegar hasta la vía láctea. Allí se topa, como no podía ser de otra manera, con una enorme botella de leche.

De fondo la ciudad iluminada, la cocina. Rascacielos de cajas de harina, edificios de botes de mermelada, las antenas: varillas de amasar, las chimeneas: sacacorchos y tapones. Y nuestro preferido, el tren elevado: un salchichón.

Miguel ya se quiere despertar, nota la luz del sol entrando por la ventana y grita en su sueño: ¡KIKIRIKIIIII!

Vuela, vuela y deja atrás la torre Eiffel (cascador de nueces). ¡OH! ¡AAH! ¡HUMM! Aterriza sobre su mullido colchón.

“Y es así como, gracias al bueno de Miguel, en cada desayuno podéis comer pastel”.

Una breve mención a las ilustraciones: nos ha encantado la atractiva estética americana de los años 50. Vale, en nuestras cocinas no había cajas de zumo de 3 litros (con suerte, un litro de Don Simón), ni mermelada de arándanos (¿un poco de naranja amarga si era un día de fiesta?) ni mantequilla de cacahuete (tarrina de Tulipán…). Pero todas esas cosas las conocimos en las pelis.

Este álbum es todo esto y mucho más: ¡a por él!

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Un pensamiento en “La cocina de noche

  1. Me he reído mucho con vuestra entrada. Es muy significativo que censuren desnudos, besos, etc. y no tanta violencia. Pero, en fin, pinta muy , muy divertido e imaginativo.

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