Pippi Calzaslargas

pipi calzaslargas

A: Astrid Lindgren I: Richard Kennedy   E: Editorial Juventud, 2011 (1ªE: 1959)

Como en toda familia charlatana y discutona que se precie, en la familia KIRIAKI tenemos opiniones encontradas, a veces opuestas, a veces rivales. Y en esta ocasión no iba a ser menos. Recordando las cándidas infancias de los adultos de la familia, os resumimos nuestros alegatos:

Alegato 1: “Recuerdo las obscenas imágenes de golosinas por doquier y esa libertad de Pippi para probar todo lo que le viniera en gana (sin frasecitas del tipo: “elige una y ya está”, o “no comas más que te dolerá la tripa”, o “ten cuidado que son malísimas para los dientes”). Su caballo de lunares me hacía soñar con ser jinete de mayor, en vez de conductor de un descapotable. Y su querido amigo Mister Nelson me hacía suspirar por un mono en cada noche de Reyes”

Alegato 2: “¿Pero qué era yo cuando se suponía que tenía que ser niña? He de admitir que me pudo más la tristeza que me provocaba el ver a una niña sin padre ni madre y el vértigo de conocer a una muchacha que no va al cole y pone la cocina como un cisco, que la admiración por su libertad. Admito también que esa irreverencia que Pippi mostraba con la autoridad (policías, maestros y adultos en general), me resultaba incómoda y peligrosa”

Pero bueno, el tiempo todo lo cura, pone a cada uno en su sitio, tiempo al tiempo…Vamos, que hoy es el día en el que toda la familia al completo comparte la misma opinión: ¡es genial!

Pippi es libre y feliz. No puede imaginar nada mejor que tener un padre marino y una madre que vela por ella allá donde esté. Aunque sus acciones no sean entendidas por el común de los mortales (los aburridos, nos referimos), actúa con un profundo sentido común. Y los educados y comedidos Tommy y Annika no pueden sino quedar maravillados por esa fuerza de la naturaleza que, por tener, tiene hasta el pelo de fuego.

Su fuerza sobrehumana, los recuerdos de sus aventuras (tan disparatadas como falsas), sus ocurrencias para pasar el tiempo y su esforzado comportamiento ante viejas pellejas nos encantan.

Hay muchas frases que nos han provocado carcajadas, pero como no tenemos espacio para escribiros todo el cuento (y además es ilegal…) aquí os dejamos una de las mejores:

Hablando de la incompetencia del servicio con un par de señoronas: “Mi abuela solía decir que no había otra tan buena como ella. Una vez, en Navidad, al servir el lechón asado, ¿saben lo que hizo? Había leído en un libro de cocina que los lechones se sirven con un papel rizado encima y una manzana en la boca, y no comprendió que era el cerdo el que tenía que llevar estas cosas […] Mi abuela dijo «Eres una calamidad, Marta». Naturalmente, ella no pudo responder.”

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Un pensamiento en “Pippi Calzaslargas

  1. Hola, amigos: es curioso cómo varias personas pueden hacer lecturas o visionados tan distintos. Cuando yo era niña, Pippi era extraña, pero envidiada por nosotros en casa. Mi hermano y yo teníamos dos visiones: una, la de que sería ser la propia Pippi, independiente, divertida, viviendo en la casa más chula del mundo.., y otra la de ser Anita y Tommi, teniendo a la mejor amiga de todas. Cualquiera de esas dos posibilidades era alucinante, recuerdo que jugábamos a ser Pippi y tener un mono , un caballo, etc. Ni se me pasó por la cabeza pensar que pudiera ser de otra forma, era raro, sí, pero tan bonito y mágico que, como en la magia, si intentas deshacer el truco y ver lo que hay dentro del sombrero o detrás del forro, pierde la mitad de su encanto, o casi todo.
    Un amigo, siendo ya adulta, me dijo que Pippi era la historia de una niña anarquista y punk, precursora de los grupos animalistas.

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