¿Quién ha visto las tijeras?

quien ha visto las tijeras

A: Fernando Krahn  I: Fernando Krahn  E: Kalandraka editora., 2006 (1ªE: 1975, sin texto)

Nos han gustado las peripecias de estas tijeras traviesas. Si observamos un poco, ya desde la ilustración de la portada las tijeras están tramando algo…tendidas en la mesa del sastre Don Hipólito apuntan, atrevidas, a la puerta abierta de la sastrería. Llevan días, meses, años (siglos, opinan ellas) cortando metros y metros de tela pero…¿habrán nacido para algo más? ¿las fabricaron para ésta monótona vida? ¡no! ¡querían vivir cosas nuevas! Así que un día Don Hipólito vio sorprendido cómo se iban volando.

Al principio sólo quería experimentar nuevas sensaciones, nuevos cortes y texturas. El texto, de manera inocente, nos narra sus andanzas: “sintieron que el papel les resultaba fácil”, “ser peluquera tampoco era difícil”, “¿y qué tal cortar flores?”; pero poco a poco se van emocionando, comienzan a ser conscientes de su poder y…

“¿Por qué no liberar animales?” ante las narices incrédulas de la dueña), ¡y corbatas feas! (qué placer, justicieras estéticas). Progresivamente se dejan llevar por apetecibles tentaciones: ¿unos farolillos chinos prendidos de un hilo?, ¿unas cuerdas de tender? Hasta que finalmente ceden al mal; no les gusta el sonido del violonchelo y de un tijeretazo se calzan todas sus cuerdas, cortan la sedosa labor de una anciana por puro placer, privan a un niñito inocente de ver volar su cometa, cortan el cable en tensión de un funambulista (el autor tiene la delicadeza de no mostrarnos al equilibrista en cuestión espachurrado en la pista…) Con el ego por los aires, se atreven a cortar la melena al rey de la selva, a mofarse de un predicador y a lo que finalmente las condenó: a cortarle el mostacho a su dueño y señor, Don Hipólito.

Pasó lo que tenía que pasar…no muerdas la mano que te da de comer…

Divertido. Estas tijeras descaradas han arrancado más de una carcajada a nuestros pequeños.

M, O, cuidado cuando vuelvan a vuestras estanterías…¡Gracias!

Esta historia, originalmente sin texto, se publicó en 1975, y ha sido en esta reedición en la que han introducido unas sencillas frases, que sin ilustraciones, no se entienden…intuimos que nos habría gustado más la versión original. De cualquier forma, vale la pena.

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