El higo más dulce

el higo mas dulce

A: Chris Van Allsburg  I: Chris Van Allsburg  E: Fondo de Cultura Económica de México, 1995 (1ªE: Houghton Mifflin Co, Boston, 1993)

¿Quién iba a pensar que en un rincón de nuestra biblioteca habitual, dedicado a la comida sana y los hábitos saludables, nos íbamos a encontrar una obra de Chris Van Allsburg (flamante autor de Jumanji y El Expreso Polar)? Ya habíamos ojeado esas obras suyas y, desde luego, sus ilustraciones nos habían cautivado, pero en nuestra humilde opinión, esta obra que os presentamos, aunque más discreta, tiene algo especial.

¡Ay, Bibot, Bibot! Muy distinguido tu “bibote” pero parece que huele mal por la expresión que gastas…

Un exquisito monsieur francés, perfeccionista, escrupuloso y odontólogo de profesión tiene un único pensamiento: él mismo y su mecanismo. Apartamento impoluto, traje impecable, aseo personal extremo. Nos imaginamos que todo él y lo que le rodea huele a laboratorio farmacéutico, donde la entrada de una mota de polvo sería el fin.

Pues bien, una mañana se presenta en su consulta una anciana; sin cita previa (mal), aparentemente poco aseada (mal) y suplicando (mal) ser atendida de inmediato para acabar con un dolor de muelas que la está matando.

Monsieur Bibot, ante la expectativa de ganarse unos francos extras, acepta saltarse el protocolo de citas y le extrae la pieza molar. La anciana, agradecida pero pobre, le hace saber que no le puede pagar con dinero pero que le puede dar algo “mucho mejor”: un par de higos que conseguirán que sus sueños se hagan realidad.

El cuadriculado odontólogo expulsa a la mujer de su consulta tomándola por loca y arrepintiéndose de haberla atendido y haber trabajado así, unos minutos, sin beneficio económico. Esa noche, antes de irse a la cama, Bibot se come uno de los higos (el más dulce que había probado jamás) y a la mañana siguiente comprueba que lo que la anciana predijo era cierto: sus sueños se hacían realidad. Arrepintiéndose de haber desperdiciado el primer higo, decide aprovechar al máximo la oportunidad que le brinda el segundo.

Ji, ji…os podemos asegurar que el segundo higo no se pudo aprovechar de mejor manera pero preferimos que lo leáis.

Genial.

Las ilustraciones extraordinarias. Los tonos, la composición, los puntos de vista y la técnica retratan a la perfección la forma de ser del protagonista.

Vamos, vamos, a por él, ya estáis tardando.

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