¡Pero yo soy un oso!

pero yo soy un oso

A: Frank Tashlin  I: Frank Tashlin  E: Ediciones Invisibles, 2015 (1ªE: E.P.Putton&Co., 1946)

Pero ¿quién soy? ¿soy quien creo que soy? O ¿soy quien tú me dices? Más de una vez nos hemos visto frustrados viendo lo que mediáticos personajes de distinta calaña repiten que somos, pero, ¿somos eso? ¿pensamos lo que dicen que pensamos? ¿nos gustan las cosas que nos dicen que nos gustan? Pues no. Pero nos lo repiten taaaaaantas veces que, en ocasiones, nos hacen dudar.

Bueno, pues esto mismito es lo que le pasa al peludo protagonista de esta historia. Respondiendo a su propia naturaleza, cuando ve a las ocas migrar y a las hojas caer, comienza a buscar refugio, una cueva acogedora que le permita hibernar con tranquilidad.

La fatalidad quiere que justo sobre el lugar escogido comience a construirse una fábrica (previa destrucción de todo tipo de ser vivo, animal y vegetal), con sus chimeneas, sus barracones, su interminable repetición y su anodina imagen. Como el tiempo es oro, la fábrica está lista cuando comienza la primavera y, para cuando el oso se despereza y encuentra la salida de su cueva, funciona ya a pleno rendimiento, obsequiando con generosidad miles de m3 de CO2 al limpio aire que la envuelve.

En fin, que el oso aparece desorientado entre unos cuantos edificios y un severo capataz con ganas de mandar le grita que vuelva de manera inmediata a su puesto de trabajo. “Pero, si soy un oso…” dice el animal, a lo que el capataz responde: “No intentes engañarme. Tú no eres un oso. No eres más que un patán que necesita un buen afeitado y lleva puesto un abrigo de pieles. Te llevaré ante el director general”.

De nada sirven los intentos del oso por ser reconocido como tal; ni su candidez, ni su convicción, ni su enorme cuerpo repleto de vello animal consiguen que los superiores admitan lo que tienen delante de la nariz. El director general, el vicepresidente tercero, el segundo el primero y finalmente el presidente, no ven en el bicho nada más que un par de zarpas que les pueden hacer ganar algo más de pasta.

La cuestión es: ¿conseguirán convencer al pobre oso de que es un obrero con necesidad de afeitado?

Genial. Nos ha hecho reír. Y pensar.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s