Una piedra extraordinaria

una piedra extraordinaria

A: Leo Lionni I: Leo Lionni E: Ediciones Ekaré, 2006 (1ªE: Alfred A. Knopf, 1994)

¡Cuánto tiempo sin sacarte de la biblio Leo!; acudimos a tu Frederick a menudo, porque vive con nosotros, en el 1º Izda. de la estantería de los retoños, pero llevábamos meses sin decidirnos a conocerte mejor.

Nos han caído simpáticas Marilyn, Augusto y Jessica, tres ranas verdes sonrientes que intentan llenar sus días admirando sus pequeños descubrimientos cotidianos. La pasión que Jessica muestra ante todos sus hallazgos se ve respaldada por el asombro de Marilyn y Augusto ante la enorme piedra blanca que descubre entre un montón de rocas sin interés. Marilyn (que sabía de todo), les hace saber que eso tan liso y perfecto no es una piedra, sino un huevo de pollo. Cuando al cabo de los días el huevo se resquebraja y un simpático animal verde escamoso sale de él, los tres batracios gritan al unísono: ¡un pollo!

Jessica y él se vuelven inseparables, cuidan el uno del otro, nadan, pasean, disfrutan. Jessica y el pollo hasta filosofan en sus largos paseos juntos hasta que, un día, un pájaro les informa de que la madre del pollo está desesperada buscándole por todas partes. Deciden ir a su encuentro y se encuentran con la más extraordinaria criatura que jamás han visto. Habla con voz suave y en cuanto ve al pollo dice: “Ven aquí, mi dulce y pequeño caimán”.

Cuando Jessica cuenta a Marilyn y a Augusto lo que acaba de suceder, no pueden parar de reír:
¡Caimán! ¡Qué cosa más tonta!

Pues eso, Leo. Acierto seguro.

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