Osito

osito

A: Else Homelund Minarik I: Maurice Sendak E: Editorial Kalandraka, 2015 (1ªE: 1957)

¿Qué le contestaría Mamá Osa a Osito si ésta fuese de las que hacen cupcakes para impresionar a sus amigas?¿Qué le diría si vistiese a sus oseznos de azul y a sus “oseznas” de rosa? ¿Qué le diría si el “plan especial” fuese ir de paseo a un centro comercial?

Pues suponemos que a la pregunta de Osito: “¿Mamá, a que puedo volar como los pájaros y llegar hasta la luna?” Mamá Osa respondería: “Por supuesto garbancito, eres un osito tan especial que puedes hacer lo que quieras, y con tu prodigiosa imaginación puedes volar hasta los confines del mundo” (corazoncitos brotando del pecho de Mamá…).

Pero, ¿qué responde la Mamá Osa de Else Holmelund Minarik?: “No hijo, tú no puedes volar, es imposible”. ¿Y si luego Osito le pregunta si puede pedir un deseo?:

“- Querría poder sentarme sobre una nube-“
“- Eso es imposible Osito mío-“
“- Pues entonces querría encontrar un túnel que llegase hasta la China-“
“- Eso es imposible Osito mío-“
“- Pues entonces querría… -“. Y así, varios intentos, hasta que:
“- Pues entonces querría que una Mamá Osa viniera y me contara un cuento -“
“- ¡Ah, bueno! Tal vez eso sí sea posible-“

Y tras acceder al deseo, Mamá Osa dice:

“- Pues ahora tú puedes hacer una cosa que me alegre a mí. Puedes dormirte-“

Así, con un par. Aprecia la inteligencia de su retoño, pasa tiempo con él, tienen charlas interminables y tal y como haría con cualquiera que no fuese su Osito, pretende dar respuestas sinceras.

Genial y entrañables estas cuatro historias de Osito. Ilustraciones estupendas de Maurice Sendak que huelen a Cola Cao al lado del radiador.

¿Qué más se puede pedir? Un abrigo de pieles (primera historia) y una sopa de cumpleaños (segunda historia). Bueno, y que Mamá Osa sepa hacer cupcakes…

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Rico y Oscar y el secuestrador del súper

rico y oscar

A: Andreas Steinhöfel I: Peter Schössow E: Editorial Bruño, 2011

Sí, se puede decir que Rico es diferente.

Se encuentra un macarrón sobre la acera, lo coge con dos dedos y se dedica a buscar a su dueño entre el vecindario. Puede que se le haya caído a alguien por error, puede que lo eche de menos o puede que un fulano maleducado lo haya lanzado por la ventana (cuestión ésta merecedora de un escarmiento).

Rico razona, a su manera. Piensa mucho, eso sí, pero tal y como explica, las cosas se le escapan de la cabeza, pero no sabe muy bien por donde. Cuando se enfrenta a algo que le descoloca, un gran bombo lleno de bolas rojas comienza a girar en su cabeza y su cerebro se atasca.

También tiene una familia peculiar: madre puta, padre desconocido y vecina más-buena-que-el pan (y tendente a la depresión) que cuida de él cuando su madre se ausenta del domicilio familiar por trabajo. Cada noche, vamos.
Pero amor, no le falta.

En uno de sus habituales vagabundeos por el barrio conoce a Oscar, un chaval tan marciano como él, pero por otros motivos: superdotado, sin madre y con padre hundido-en-el-pozo-de-la-tristeza. Menudo plan ¿eh?

Bueno, pues es una historia genial. Te engancha desde el principio de sus 294 páginas (¡ánimo público juvenil! ¡Merece la pena el esfuerzo!). Estos dos personajes entrañables te hacen reír con sus conversaciones, hay acción, hay misterio, suspense y un final inesperado, digno de los mejores requiebros de los casos de Poirot. Un par de extraterrestres (con más sentido común de lo esperado) resuelven el misterio que tiene en vilo a toda la ciudad.

Lo recomiendan a partir de los 12 años y es el primero de una trilogía (¡yujuuuuuu!)
Para los escépticos: su autor es Premio Nacional de Literatura Juvenil en Alemania.