El letrero secreto de Rosie

el letrero secreto de rosie

A: Maurice Sendak I: Maurice Sendak E: Kalandraka Editoria 2016 (1ªE: HarperCollins Publishers, 1960)

Maurice, Maurice, perdónanos, pero hemos llegado a agradecer tus dolencias infantiles, que te postraban largas temporadas frente a tu ventana de Brooklyn y te daban la oportunidad de estudiar a tus vecinos desde las alturas. Sabemos que para ti, las ventanas son algo más que huecos en la pared, te hacen reflexionar sobre “el otro lado”, y el otro lado, en esta ocasión, era aquel en el que los niños corrían, saltaban, reían y se enfadaban; el lado en el que se ensuciaban.

Para Sendak, la fantasía está en lo cotidiano, lo apreciamos en todos sus álbumes, y este no es una excepción. En Brooklyn se vivía en la calle; en las noches de verano, las abuelas (y las madres, cuando acababan la faena), sacaban sus sillas al umbral de sus humildes viviendas unifamiliares (Maurice, has dicho Brooklyn o Castrillo de los Polvazares?)

Rosie (o como se llamase la de Brooklyn) tenía que ser la leche. Los pequeños KIRIAKIs quieren ser sus amigos ¡ya!

“Si quieres enterarte de un secreto, llama tres veces”, ¿hay alguien que se resista a llamar? Y Rosie lo sabe… Al cabo de diez minutos tiene a todos sus vecinos sentados en el patio de su casa esperando enterarse del secreto en cuestión. Ataviada con un enorme sombrero con plumas, un vestido rojo de mujer y unos zapatos de tacón, se ha convertido en Alinda, la bella cantante. Este es el secreto.

A lo largo de cuatro capítulos Sendak nos habla de Alinda y del Hombre invisible; de las invenciones de Rosie, que la rescatan (a ella y a sus amigos) de las largas tardes ociosas.

El Hombre Mágico le ha dicho a Alinda que ya no es Alinda, que ahora puede ser un petardo rojo; y cada uno de los demás puede ser un pequeño petardo plateado ¡¿Qué más se puede pedir?! Toda una tarde petardeando no se puede superar de ninguna manera: silbar, zumbar y estallar hasta que anochece…¡Ay!, ¡Cómo nos gusta!

IN-DIS-PEN-SA-BLE (al menos para la familia KIRIAKI)

La montaña de las tres cuevas

la montaña de las tres cuevas

A: Per Olov Enquist I: Stina Wirsén E: Ediciones Siruela S.A., 2005 (1ªE: Rabén&Sjögren Bokförlag, Suecia, 2003)

¡Pero qué buenos ratos nos está haciendo pasar la literatura juvenil!

Si mezclas a una niña que tiene miedo a soñar con cocodrilos, con unos padres que ante su angustia no hacen más que repetir “-Por favor, intenta comprenderlo, estoy cansado y agotado…-“, y con el abuelo más molón del mundo entero, sale esto: La montaña de las tres cuevas.

Mina siempre acude a su abuelo cuando quiere hablar de cosas importantes, el resto de adultos no están a la altura, y en una de estas charlas se le ocurre a Per Olov, bueno, al abuelo, la idea de ir unos días a su casa al pie de las montañas con sus queridos 4 nietos y 1 mascota. Por supuesto, los padres correspondientes sólo conocen el plan parcialmente, se les ha explicado lo justo.
Entre las cuestiones que no han sido mencionadas está la minucia de que el abuelo pretende hacer una travesía de montaña, ascendiendo una altura considerable, con intención de explorar las tres cuevas que dan nombre al peñasco. Pequeños detalles: la edad del abuelo (calculamos que cerca de 80 años), la de los nietos (entre 7 y 4 años) y la fauna que vive en la susodicha montaña (lobos y osos hambrientos).

Es una historia genial que nos ha enganchado desde el principio. La relación entre abuelo y nietos. La valentía de los chavales, el camino de superación que recorren, aprendiendo los unos de los otros. Hay aventura, acción, miedos que superar, misterio, leyenda. Y hay naturaleza salvaje, sin empaquetar y sin lazo; olor a tierra, a hojas y a musgo que reconocerán los montañeros; y amor por los animales.

Los lobos no han tenido nada que hacer, el libro lo hemos devorado nosotros.
¡Una historia genial!