Por cuatro esquinitas de nada

A: Jérôme Ruillier I: Jérôme Ruillier E: Editorial Juventud, S.A., 2005 (1ªE: Bilboquet-Valbert, 2004)

Hoy os traemos un álbum que tiene vocación de clásico. Sencillo y conciso. Claro pero lleno de poesía. De 0 a 99 años. Es un indispensable.

Tanto “vosotros y vosotras”, tanto “lectores y lectoras”, tanto “miembros y miembras” se resumen en una sola idea: inclusión y respeto. Y esto es lo que explica para todos los públicos Jérôme Ruiliier (sin necesidad de usar @)

En esta sociedad que espera que todos nos parezcamos (es más rentable para unos pocos que lo tienen todo), o, al menos, que formemos grupos compactos y reconocibles, se nos empuja a cambiar para encajar. A modelarnos, a “pulirnos”. Pero, ¿y si no somos nosotros el problema? ¿y si la cuestión es que las puertas por las que queremos pasar deben cambiar de forma para que todos podamos entrar?

Pues eso. Que está bien explicar lo sencillo de forma sencilla y dejar de complicar lo evidente.

¡Todos somos diferentes! ¡Sí! Y en el fondo…todos lo sabemos.

Anuncios

Pindulí

A: Janell Cannon I: Janell Cannon E: Editorial Juventud, S.A., 2005 (1ªE: Harcourt Brace & Company, 2005)

Este álbum ha devuelto a las hienas su dignidad.
“El Rey León” había dejado su reputación por los suelos. Los había convertido en unos seres traicioneros, sucios y cobardes. Y ha tenido que aparecer Pindulí para poner a su especie en el lugar que le corresponde (además de enseñarnos muchas cosas más)

Todos podemos tener las orejas grandes, el pelo despeinado o el color inadecuado según con quién se nos compare. Pero lo mismo les pasa a esos que se dedican a compararnos con otros.
Todos podemos reaccionar como Pindulí, intentando agradar a aquel que nos mira o tratando de retocarnos para no ser juzgados.
Pero no todos somos capaces de darle la vuelta a la situación y de hacer ver a quien nos incomoda que es tan vulnerable como nosotros mismos.

Muy recomendable lección de autoestima en plena sabana africana.

Letras robadas

A: Triunfo Arciniegas I: Claudia Rueda E: Editorial Océano, 2013

¡Ay! ¡Qué bonito!

Una vez más, gracias a las selecciones temáticas de libros que preparan en nuestra biblioteca, hemos descubierto un tesoro. En este caso, bajo el título de “Literatura colombiana”

En Letras robadas, todo es bonito. Clara, la protagonista, es una niña inquieta con muchas cosas interesantes en su cabeza. Puede que lo que le interesa no sea lo más evidente, o lo que los demás esperan que acapare su atención, pero ella ve más allá, más profundo, más atenta. Quizás por eso piensen que es rara. Y Clara, es bonita.

El mercado que Clara recorre con su madre cada sábado por la mañana, peregrinando desde la carnicería hasta la pescadería, desde el puesto de huevos al de verdura, no sólo está repleto de alimentos sino que esconde miles de secretos. Y el mercado, es bonito.

Los rótulos de los establecimientos van captando nuestra atención: están incompletos, hay letras perdidas, hay letras…¡robadas! Gracias a Clara vamos descubriendo a los ladrones (que no solo roban letras y seguro que alguna vez han pasado por vuestras propias casas…) y entendemos sus razones. Al fin y al cabo, no es Clara la única rara, hay alguien más a quien le gusta ir a clase los sábados y colecciona dientes, como ella. Y la historia, es bonita.

Finalmente, que sepáis que las ilustraciones sobrepasan todas estas cosas bonitas que os hemos contado
Este álbum es un Triunfo, todo Rueda (no nos hemos podido resistir…)
Un álbum genial. Todo un descubrimiento.

Picasso me pica

A: Ignacio Sanz I: Fernando Gómez E: Ediciones Hiperión, 2010 (Ajonjoli)

Los médicos deberían recetar poesía de vez en cuando: “un par de veces por semana, mañana y noche, o lo que te pida el cuerpo”

Y en KIRIAKI lo sabemos gracias a Upe, que durante este curso nos ha suministrado una píldora diaria que nos ha ensanchado el pensamiento (estamos deseando retomar el tratamiento el próximo curso)

Hoy, traemos poesía. Picasso me pica nos ha picado pero bien. A través de sus cuadros intuimos la intensidad con la que miraba y nos lo hemos imaginado de niño trasteando con sus pinceles. Hemos entendido sus toros y sus bicicletas, sus bicicletas y sus toros, y a la cabra, tan cabra como él. Hemos sabido de sus viajes, de sus deseos de paz y de su grito más alto ¡Nunca más lo de Guernica!

Hemos comprendido y hemos sentido. Un buen acercamiento a la poesía para los pequeños KIRIAKIs.

¿qué fue del girbel?

A: Peter Härtling I: Christa aus dem Siepen E: Lóguez ediciones, 1991 (1ªE: Beltz Verlag, 1973)

Conocimos a este autor por su novela juvenil “La abuela”, que aún no hemos tenido el gusto de presentaros.

Los que os animéis, os encontraréis una historia que no se anda con chiquitas. Habla sobre un chico enfermo que se pasa la vida de clínica en clínica, de institución en institución. Un chico que si ya tenía poco con una enfermedad que le produce ataques, dolores de cabeza y aturdimiento, tiene otra como consecuencia de no sentirse querido ni valorado. Nadie se preocupa por él (su culpable madre aparece de ciento en viento en la institución de turno con una bolsa de chucherías que endulce su vergüenza), nadie juega con él, nadie intenta comprenderle.

Pero no os vayáis a creer que es el típico libro de “mirad niños: hay que ser bueno con todos, ayudar a los diferentes, jugar con ellos y convertirlos en nuestros mejores amigos, a poder ser en un prado rodeado de leones, con un par de unicornios y el arco iris al fondo”. No.

Presenta el tema con seriedad. Con hondura. Nos describe como es la vida de un chaval considerado problemático. Nos cuenta los tumbos que da, internado de institución en institución, a través de sus correrías, de sus ocurrencias y de su forma de ver el mundo.

Y lo comprendes.

Para mayor valor del álbum hay un breve “Epílogo para niños” que vendría bien que lo leyésemos unos cuantos adultos. Tras su lectura ya no hay escapatoria. Lo hemos visto, lo han visto, lo vais a ver negro sobre blanco. Todos estamos implicados.

Creo que nos hemos puesto un poco serios, el tema lo es. Pero el autor ha creado un álbum fácil de leer, divertido en muchas ocasiones, pero dejando el poso de verdad y de realidad que te conmueve por dentro.

Muy recomendable.

¡Shrek!

A: William Steig I: William Steig E: Libros del Zorro Rojo, 2012 (1ªE: Farrar, Straus and Giroux, 1990)

¡Esto sí que es un ogro! Con sus verrugas, sus globos oculares enrojecidos, sus pelos en la nariz, su pestilencia innata…
Vale que su versión cinematográfica también era verde y que compartían la forma de trompetilla de sus orejas pero, esa tez tersa y lustrosa, esa mandíbula prominente, esa gallardía y buen corazón, nada tenían que ver con el personaje que inspiró a los amigos de DreamWorks.
Este ogro, el verdadero, el que salió de la cabeza de William Steig (dibujante en The New Yorker durante años) es un OGRO con sus cuatro letras.

La más venenosa de las serpientes moriría entre convulsiones si osase darle un mordisco; árboles y flores se inclinan a su paso intentando evitar el nauseabundo hedor que desprende; su mirada ardiente provoca el desmayo del más armado de los hombres. Es capaz de tragarse un rayo para desayunar, de vencer al más sanguinario de los dragones y de freír vivo a quien se interponga en su camino.

Cuando sus queridos progenitores (el contemplarlos convierte a Shrek en Mister Universo) le dan la patada para animarle a salir del hogar en el que se crió, se encuentra con una bruja (otro bellezón…) que le augura un feliz matrimonio con una princesa que es más difícil de ver que él mismo.
Ante tan prometedor futuro, Shrek se va en busca de su amada, esperando que se cumplan sus horrorosas expectativas.
Tras asustarse un pelín consigo mismo (lo único que puede asustar a quien asusta), consigue plantarse ante la fealdad hecha carne, y una incontenible declaración de amor brota de sus cavernosas bocas:

“Tus callosas verrugas, tus sonrosados granos
como viscosas ciénagas y pestilentes pantanos,
me estremecen”
Dice él.

“Tu nariz de patata, tu puntiaguda cabeza
y tus horribles ojos que miran con fiereza,
me enternecen”
Dice ella.

Y da la impresión de que seguirán regalándose lindezas semejantes el resto de sus pestilentes días.
Muy divertido. Nos hemos echado unas risas. Os lo recomendamos.

Huellas gigantes

A: Fernando Krahn I: Fernando Krahn E: Kalandraka, 2006

¿Pero este álbum es de 2006? ¿De verdad? ¿No es un clásico ruso? Vaaaaale…ya conocíamos a su autor por “Dónde están las tijeras”, pero la atmosfera conseguida es ¡total!

Ante la aparición de unas huellas enormes sobre la densa y esponjosa capa de nieve que rodea una entrañable casa de madera, sus habitantes reaccionan; Papá Aurelio descuelga la escopeta de la pared, mamá Úrsula se tapa la boca con las manos y Pedro y Silvia, los retoños, dan rienda suelta a su curiosidad. Se forran convenientemente y siguen el recorrido de las huellas gigantes con avidez: saben que les llevará a descubrir algo nunca visto.

Cuando Aurelio y Úrsula se percatan de la insensatez cometida por sus hijos, salen tras ellos y alertan al resto de vecinos del lugar. Todos ellos comienzan a seguir el doble camino: pequeñas marcas de los piececillos de los chavales paralelas a enormes huellas amenazantes del más terrible monstruo jamás conocido.

Los progenitores casi se mueren del susto cuando ven morir las huellas en la orilla de un lago helado, en cuyo centro divisan un tremendo boquete. Pero al otro lado del embalse las huellas continúan. ¡Uf! El recorrido y la posición de las huellas les hacen suponer que la criatura es enorme. Siguiéndolas ascienden una montaña, cruzan peligrosos desfiladeros, hacen equilibrios a través de una estrecha senda que bordea el monte y se plantan ante la boca de una lúgubre cueva. Aurelio y Úrsula quieren enfrentarse solos al desastre y se adentran en la caverna escopeta en mano, y… ¡hasta aquí podemos leer!

¿Alguien se había comprometido a disfrutar de una historia con base científica?, pues no pidáis reclamaciones por vuestras expectativas no cubiertas.

El formato, la ilustración, el enmarcado de las imágenes…todo nos transporta a una época pasada, en un lugar lejano, en el que no había televisión, ni consolas, ni whatsapp. Sólo había imaginación.

Genial para los más pequeños de la familia.

Los Protectores

los-protectores

A: Roberto Santiago I: Paula Blumen E: Ediciones SM, 2016

Vicente Friman ha pasado sus once años de vida de mudanza en mudanza. Vive con su madre y con su hermana mayor y, debido al trabajo de la primera, ha pasado ya por un sinfín de colegios de un sinfín de ciudades.
Vicente acaba de mudarse de nuevo y vuelve a ser el novato, el “sin amigos”, el desconocido.

Sus primeros días de clase en el Francisco de Quevedo se enfrenta a los Apaches, banda juvenil, follonera y candidata a los mejores reformatorios que emplea su tiempo en humillar a los débiles, aterrorizar a los legales y destrozar todo cuanto se pone frente a ellos.
Vicente solo ve una opción para salir del atolladero: la única forma de no ser machacado por los Apaches debido al atrevimiento por plantarles cara es pedir el ingreso en la banda camorrista.

En estos primeros días de incertidumbre vital, conoce también a los Protectores, panda (no banda) de frikis que afirman ser de la policía secreta, y que ven en la angustia de Vicente una oportunidad única; si se ganan la confianza del novato pueden tener un infiltrado en los Apaches, que les pase la información necesaria para trincarlos de una vez por todas.

Profesores corruptos, mafia china y peleas campales acaban de llenar de acción y aventura esta historia que ha gustado a grandes y pequeños.

¿Atrapan a los Apaches? ¿Serán los protectores quienes dicen ser? ¿acabaran todos partiéndose los dientes?
Habrá que leerlo para saberlo.

Nota de un KIRIAKI de 8 años: “9.5, una aventura emocionante”

El museo de Tronquito

el-museo-de-tronquito

A: Ashild Kanstad Johnsen I: Ashild Kanstad Johnsen E: Nordica Libros S.L., 2016 (1ªE: Gyldendal Norsk Forlag AS, 2010)

Sí. En KIRIAKI tenemos un Tronquito. Tronquito sale todos los martes de excursión. Opina que hay muchas cosas chulas y maravillosas sueltas por ahí. Muchos tesoros. Y se dedica a recoger todos y cada uno de ellos. Es emocionante: piedras extrañas, palos increíbles, plumas, hojas y…cintas, lápices, guantes y calcetines extraviados, zapatos huérfanos, piezas de Lego, dados, listas de la compra ya compradas…¡Todo es extraordinario! Todo merece un huequito en sus cajas, estanterías y armarios.

Pero poco a poco, la casa se nos va llenando, perdón…, se le va llenando, a Tronquito, y se pregunta qué hacer. Habrá que preguntárselo a la persona más sabia que conoce: a su abuela.
Ésta le aconseja que clasifique sus joyas. Que las ordene; las coloque sobre mesas, sillas y alfombras y organice un museo. Todo el mundo disfrutará viendo sus maravillosos hallazgos.

Bien. La idea es buena. Le sirve para ordenar. Y todos sus vecinos pasan un buen rato admirando su inmensa colección de objetos.
Pero ser el “jefe” de un museo es muy esclavo. Hay que abrir. Y cerrar. Y pasar en él todo el santo día. Tronquito echa de menos sus excursiones de los martes. Y decide volver a llamar a la sabiduría echa carne.

Su abuela le da otro maravilloso consejo, que la familia KIRIAKI le agradecerá eternamente.

Aún vivimos con Tronquito pero ya contempla la posibilidad de reciclar…por algo se empieza.
Un álbum muy verde. Por sus ilustraciones y su mensaje.
Si tenéis, como nosotros, un Tronquito en vuestro hogar, os lo recomendamos con fervor.

Un hoyo es para escarbar

un-hoyo-es-para-escarbar

A: Ruth Krauss I: Maurice Sendak  E: Kalandraka, 2016 (1ªE: Harper Collins Children´s Books, 1952)

Llegó Maurice Sendak y…pensó en ellos. Escribió para ellos. Y nos explicó para qué sirven las cosas a través de sus ojos. Los de los niños.

Un adulto hace puré de patatas porque es barato, porque alimenta y porque gusta a todos los niños, por lo que cocina montañas y montañas del mismo. A ojos de un niño, ¿para qué es el puré de patata?, pues para que a todo el mundo le den de sobra. Es evidente.
¿Y el barro? “pues a parte de para fabricar adobe…” pensaría un adulto. “¡Para saltar en él y resbalarse y gritar yupiiiiiiiii!” diría un niño.
O los dedos de los pies (para moverlos), o los brazos (para abrazar), o las manos (para agarrarse de ellas)

Hay una función fundamental para un montón de cosas que la practicidad y el raciocinio adulto han hecho desaparecer.

Un agujero es para sentarse en él, un castillo para hacerlo en la arena, un hermano para ayudarte, las piedritas para hacer montoncitos. Elemental.

Pues eso, si queréis recordar, a través de los movimientos afirmativos de las cabezas de vuestros pequeños, lo fundamental de las cosas, leed con ellos este álbum.
Volver a Sendak de vez en cuando, cura.
A por él.