Los Protectores

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A: Roberto Santiago I: Paula Blumen E: Ediciones SM, 2016

Vicente Friman ha pasado sus once años de vida de mudanza en mudanza. Vive con su madre y con su hermana mayor y, debido al trabajo de la primera, ha pasado ya por un sinfín de colegios de un sinfín de ciudades.
Vicente acaba de mudarse de nuevo y vuelve a ser el novato, el “sin amigos”, el desconocido.

Sus primeros días de clase en el Francisco de Quevedo se enfrenta a los Apaches, banda juvenil, follonera y candidata a los mejores reformatorios que emplea su tiempo en humillar a los débiles, aterrorizar a los legales y destrozar todo cuanto se pone frente a ellos.
Vicente solo ve una opción para salir del atolladero: la única forma de no ser machacado por los Apaches debido al atrevimiento por plantarles cara es pedir el ingreso en la banda camorrista.

En estos primeros días de incertidumbre vital, conoce también a los Protectores, panda (no banda) de frikis que afirman ser de la policía secreta, y que ven en la angustia de Vicente una oportunidad única; si se ganan la confianza del novato pueden tener un infiltrado en los Apaches, que les pase la información necesaria para trincarlos de una vez por todas.

Profesores corruptos, mafia china y peleas campales acaban de llenar de acción y aventura esta historia que ha gustado a grandes y pequeños.

¿Atrapan a los Apaches? ¿Serán los protectores quienes dicen ser? ¿acabaran todos partiéndose los dientes?
Habrá que leerlo para saberlo.

Nota de un KIRIAKI de 8 años: “9.5, una aventura emocionante”

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El museo de Tronquito

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A: Ashild Kanstad Johnsen I: Ashild Kanstad Johnsen E: Nordica Libros S.L., 2016 (1ªE: Gyldendal Norsk Forlag AS, 2010)

Sí. En KIRIAKI tenemos un Tronquito. Tronquito sale todos los martes de excursión. Opina que hay muchas cosas chulas y maravillosas sueltas por ahí. Muchos tesoros. Y se dedica a recoger todos y cada uno de ellos. Es emocionante: piedras extrañas, palos increíbles, plumas, hojas y…cintas, lápices, guantes y calcetines extraviados, zapatos huérfanos, piezas de Lego, dados, listas de la compra ya compradas…¡Todo es extraordinario! Todo merece un huequito en sus cajas, estanterías y armarios.

Pero poco a poco, la casa se nos va llenando, perdón…, se le va llenando, a Tronquito, y se pregunta qué hacer. Habrá que preguntárselo a la persona más sabia que conoce: a su abuela.
Ésta le aconseja que clasifique sus joyas. Que las ordene; las coloque sobre mesas, sillas y alfombras y organice un museo. Todo el mundo disfrutará viendo sus maravillosos hallazgos.

Bien. La idea es buena. Le sirve para ordenar. Y todos sus vecinos pasan un buen rato admirando su inmensa colección de objetos.
Pero ser el “jefe” de un museo es muy esclavo. Hay que abrir. Y cerrar. Y pasar en él todo el santo día. Tronquito echa de menos sus excursiones de los martes. Y decide volver a llamar a la sabiduría echa carne.

Su abuela le da otro maravilloso consejo, que la familia KIRIAKI le agradecerá eternamente.

Aún vivimos con Tronquito pero ya contempla la posibilidad de reciclar…por algo se empieza.
Un álbum muy verde. Por sus ilustraciones y su mensaje.
Si tenéis, como nosotros, un Tronquito en vuestro hogar, os lo recomendamos con fervor.

Un hoyo es para escarbar

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A: Ruth Krauss I: Maurice Sendak  E: Kalandraka, 2016 (1ªE: Harper Collins Children´s Books, 1952)

Llegó Maurice Sendak y…pensó en ellos. Escribió para ellos. Y nos explicó para qué sirven las cosas a través de sus ojos. Los de los niños.

Un adulto hace puré de patatas porque es barato, porque alimenta y porque gusta a todos los niños, por lo que cocina montañas y montañas del mismo. A ojos de un niño, ¿para qué es el puré de patata?, pues para que a todo el mundo le den de sobra. Es evidente.
¿Y el barro? “pues a parte de para fabricar adobe…” pensaría un adulto. “¡Para saltar en él y resbalarse y gritar yupiiiiiiiii!” diría un niño.
O los dedos de los pies (para moverlos), o los brazos (para abrazar), o las manos (para agarrarse de ellas)

Hay una función fundamental para un montón de cosas que la practicidad y el raciocinio adulto han hecho desaparecer.

Un agujero es para sentarse en él, un castillo para hacerlo en la arena, un hermano para ayudarte, las piedritas para hacer montoncitos. Elemental.

Pues eso, si queréis recordar, a través de los movimientos afirmativos de las cabezas de vuestros pequeños, lo fundamental de las cosas, leed con ellos este álbum.
Volver a Sendak de vez en cuando, cura.
A por él.

Lost in translation

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A: Ella Frances Sanders  I: Ella Frances Sanders  E: Libros del Zorro Rojo, Buenos Aires, 2016

Un compendio ilustrado de palabras intraducibles de todas las partes del mundo, como reza el subtítulo. O un álbum imperiosamente necesario que no sabemos porqué nadie había hecho antes.

¡Resulta que todas esas cosas, situaciones o sentimientos tienen un nombre! Y nosotros sin saberlo…

“¡Qué bonito ese reflejo alargado de la luna, que parece un camino brillante y luminoso sobre el agua del mar!” Cuánta tinta habríamos ahorrado escribiendo: “¡Precioso mångata!”
¡Cuántos bocadillos de pålegg que nos hemos comido los KIRIAKIs! (dícese de cualquier cosa que le pongas al pan)
“Espera a que termine de merendar, estoy contigo en un pisan zapra” (el tiempo que me cuesta comerme este plátano, vamos)
¡La de jagus que hemos oído a los pequeños KIRIAKIs! (chistes tan horripilantes que no tienes más remedio que reír)
No éramos conscientes de que todo ese tiempo que dedicamos a soñar, a vivir en las nubes, nos estaba convirtiendo en luftmensch.
Cuántas, ¡cuantísimas! veces en nuestra vida hemos practicado el iktsuarpok o, en otras muchas palabras, hemos salido una y mil veces a la puerta de nuestra casa, o nos hemos asomado en tropecientas ocasiones a la ventana, escrutando con ansiedad la llegada de alguien a quien esperas.
Y el haber descubierto que nuestra enfermedad tiene un nombre: tsundoku, no tiene precio (ni tratamiento…)

Sí, nos hemos dado cuenta de que en esta entrada hay muchas exclamaciones, pero es que hemos ido de descubrimiento en descubrimiento y eso…¡nos entusiasma!
Infantil, juvenil, adultos, ¿qué más da? Es para todos.
¡Queremos un segundo volumen ya! Aún sentimos cosas que no podemos nombrar.

Y la edición…pues bueno, del zorro rojo; para esto si que hay una palabra en castellano: impecable.

Bigudí

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A: Delphine Perret  I: Sébastien Mourrain  E: Limonero, Buenos Aires, 2015 (1ªE: Editions Les Fourmis Rouges, 2014)

Este álbum ha conseguido dos cosas: que empaticemos fervientemente con una anciana moderna y estilosa y que veamos los alrededores del rascacielos de Nueva York en el que vive, como nuestro barrio de toda la vida, con su frutero, su charcutero, sus amigas de la clase de gimnasia…

El dueño de su cafetería favorita, italiano; el peluquero, gay; el charcutero del este de Europa; su amigo del parque, japonés; Tom, el musculitos del gimnasio, más negro que el tizón y el limpia cristales, su salvador, con claro sobrepeso. Sí, definitivamente la autora ha captado la esencia de Nueva York, ejem…que Trump reflexione.

Bueno, que nos perdemos. Bigudí quiere a Alfonso, su buldog francés, con todas sus fuerzas. Se hacen mutua compañía, se cuidan el uno al otro. Pero un día Alfonso muere y Bigudí llora como nunca ha llorado. Llora tanto que un día decide: “no voy a volver a sufrir así nunca más”. De modo que Bigudí llega a la determinación de no encariñarse de nadie nunca jamás, no quiere volver a perder a un ser querido. Pero… ¿podrá llevar a cabo tan triste plan? ¿Terminará sus días mirando por la ventana de su piso, en la planta 156, mirando hormigas amarillas que se mueven sin descanso bajo sus pies?

Tendréis que leer este álbum entrañable para saberlo.

Estrenando año y lecturas

Desde KIRIAKI deseamos que hayáis comenzado el nuevo año con pilas de libros por leer en vuestras mesillas (más aún después de conocer ayer el informe del sector de editores, en el que nos informan de que casi el 40% de la población no lee un solo libro en todo un año)
Nosotros, como siempre, damos gracias a los entes regaladores navideños, que nos han dejado farlopa de la buena.

Cuento de Navidad

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A: Montxo Larrañeta  I: Laura Vicente  E: Autoedición

Todos conocéis al Sr. Scrooge. Dickens se ha apoderado de la Navidad de varias generaciones, haciéndonos ver los fantasmas del pasado y nuestro aterrador y solitario futuro en caso de no modificar nuestra conducta egoísta.

Pero hay Navidad más allá. Hay otro Cuento de Navidad que no nos obliga a viajar a las frías y paupérrimas calles de un Londres cruel.

Si vosotros, lectores, vivís en un radio de 50 km de Pamplona, reconoceréis nombres, montes y personajes misteriosos. Si ampliamos el radio a 150 km, los nombres y los personajes misteriosos os serán familiares y al monte le podéis poner el nombre que queráis. Si aumentamos un poco más la circunferencia, hasta los 500 km, recordaréis vagamente haber oído alguno de esos nombres y personajes misteriosos. Y si sois de Nepal (puede que algún trineo volador llegue hasta allí), no reconoceréis ni nombres ni personajes, y pensaréis que es imposible confundir el monte San Cristóbal con el Himalaya.

Pero seáis de donde seáis, y más si tenéis pequeños lectores en casa, leeréis una y otra vez esta entrañable historia que se desarrolla entre Nochebuena y Navidad. Dos niños, dos muñecos de nieve y dos personajes misteriosos llenan de magia este cuento que os recomendamos leer.

En esta ocasión, nada de pedirlo prestado en la biblioteca, tenéis que adquirir un ejemplar porque vuestros pequeños no querrán devolverlo. Y porque en KIRIAKI conocemos a sus autores y merecen que las librerías se colapsen ante la marabunta de clientes que vayan buscando este Cuento de Navidad.

Ojala que vuestros regaladores oficiales, vayan vestidos como vayan vestidos, sea uno o sean tres, lleguen a vuestras casas llenos de letras.
Feliz Navidad.

Cosmic

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A: Frank Cottrell Boyce E: Ediciones SM, 2009 (1ªE: Macmillan Children´s Books, Londres, 2008)

¡Qué buen rato os auguramos a los que os animéis!

No hemos podido compartir aún esta trepidante aventura cósmica con los pequeños  KIRIAKIS (300 páginas sin ninguna ilustración no está a nuestro alcance todavía, ni con las más avanzadas técnicas de persuasión) pero lo vamos a criogenizar para descongelarla cuando estén preparados para ello.

La dedicatoria de Frank puede resultar cursi si aún no se ha leído el libro (“A mis padres; un libro sobre la magia de los padres”) ¡Ahhhhhh! Pero si lo has leído…la dedicatoria se convierte en otra cosa mucho más honda.

Un niño de 11 años, superdotado, súper alto y súper velludo, se ve lanzado al espacio sideral (por una serie de circunstancias que disfrutaréis leyendo), ejerciendo de padre de cuatro críos supuestamente sobresalientes, cada cual con una tara emocional más gorda, y todas ellas alimentadas por unos padres ineptos a los que tendrían que haber quitado la custodia antes, incluso, de nacer sus hijos.

Pero no os vayáis a creer mucho mejores, que hay algo de todos ellos en nosotros.

En un tono de humor genial, este grupillo se enfrenta a aventuras tales como pilotar una cohete, conseguir entrar en la órbita de la luna, dar un pequeño paseo espacial alrededor de la nave o darse cuenta de que sus progenitores son unos “taraos” y que les toca a ellos poner un poco de cordura en la elección de su futuro.

Nos ha enganchado la aventura, el tono, el ritmo, el humor y también lo profundo que esconde, el lado oscuro de la luna.
Os lo recomendamos de corazón. A jóvenes lectores y padres experimentados.
(Dato a tener en cuenta: el autor es padre de 7 hijos)

Dientes de león

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A: Jang-Sung Kim I: Hyun-Gyung Oh E: Tramuntana, 2016 (1ªE: Iyagikot Publishing, 2014)

Un diente de león es un diente de león. Es el mensaje claro y rotundo que nos transmite este álbum. Nada más. Y nada menos.
Es poesía, es filosofía, es descripción. Es genial.
Estamos seguros de que nuestra opinión, o nuestro comentario, no va a estar a la altura pero no podemos pasar sin recomendaros esta delicia (en cualquier otra de nuestras entradas esto podría sonar cursi, pero en este caso, es necesario)

Un diente de león es un diente de león. Cuando nace, cuando crece, cuando se desarrolla y cuando muere. Siempre. Y viva donde le haya tocado vivir.
¿Y un hombre? ¿y una idea? ¿y un sentimiento?, pues también.

No podríamos pensar un apellido más apropiado para este ilustrador (sobre el que pensamos investigar a fondo): Oh. ¡Oh!. Sus ilustraciones nos han dejado mudos. Reconocemos todos los dientes de león que representa: los del campo y los de la ciudad. Los de los resquicios de una grieta en la pared y los maduritos que ven volar sus blancos cabellos, despidiéndose de ellos para siempre (o dando la bienvenida a los que brotarán gracias a sus simientes)

No sabemos si es un álbum ilustrado para niños. Bueno, desde luego que lo es. Pero no sólo. Nos gustaría encontrarlo también en las estanterías de adultos. La reflexión que nos propone es necesaria para todos.
¿Y alguien que ha nacido en un pequeño pueblo fronterizo que se ve obligado a huir de su tierra y se encuentra con la infame y vergonzosa barrera de quién se cree la cuna de la cultura? Pues él también es un diente de león.

Indispensable.

 

La señora María

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A: Cesc Noguera I: Raúl Gesalí E: Takatuka, 2013

Con la llegada del buen tiempo, la señora María traslada su lugar de residencia a un banco del parque. Empuja hasta allí el carro de la compra con su equipaje y extiende una preciosa cortina de ducha por si se tiene que proteger de una lluvia estival. Le encanta charlar con la fauna urbana: palomas, gatos, ratones, etc. y agradece la sombra de los plátanos brindándoles amorosos abrazos a sus troncos y acariciando su arrugada corteza.
Pero de vez en cuado se siente sola, y tiene frío, y le embarga la tristeza, lo que en ocasiones le lleva a chillar, a refunfuñar y a beber más de lo debido. Esto hace que la gente la mire con desconfianza y temor.

Pero Ennatu es diferente (o no, igual está dentro de todos nosotros) y un día escucha un sonido extraño que ejerce en ella una atracción insuperable. Siente que tiene que acudir, se tiene que acercar, tiene que implicarse.
Y es así como Ennatu levanta la colorida cortina impermeable y descubre a María, una mujer con nombre propio (hasta con apellido…) que combate la soledad regalando cuentos a quien quiera escuchar (tenga o no tenga plumas)

Una lección. Una llamada de atención (para toda la familia)