El túnel de Pinzón

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A: Wouter van Reek I: Wouter van Reek  E: Adriana Hidalgo Editora, 2015

A juzgar por la lámina que Pinzón tiene colgada en la habitación de la primera página, el protagonista es un hombre con capucha; su fiel mascota, Tungsteno, un perro cuadrilátero muy bien educado (rodea la alfombra para evitar ensuciarla con sus pezuñas)
O también pueden ser un pájaro y un amigo; o un explorador y su Pepito Grillo W (¿Wouter?) Bueno, dejemos nuestras pesquisas.

Tungsteno, ilusionado, enseña a Pinzón su reciente descubrimiento; según el cuadrado con patas, cabe la posibilidad de que se trate de un fósil de la cola del primer lobo que habitó la tierra (ejem…)
Pinzón, juicioso (bueno, está hablando con su perro…) le indica que los grandes descubrimientos se encuentran siempre a mucha mayor profundidad e, impulsado por la idea de conseguirlo, inventa un artilugio que le permite excavar a gran velocidad.

Este álbum nos ha recordado mucho a Sam y Leo cavan un hoyo (álbum que tratamos el curso pasado y del que nos declaramos “fanses”; KIRIAKIbooks, 25.03.2015), dado que al igual que en éste, aunque con un estilo gráfico muy diferente, la mayor parte de las ilustraciones representan la excavación en cuestión vista en sección y, de la misma forma que en el álbum ilustrado por Klassen, esta vista nos permite ver lo cerca que pasa el protagonista de magníficos hallazgos sin llegarlos a descubrir.

Gráficamente, nos gustó más el de Klassen, pero hemos querido tratar el periplo de Pinzón en KIRIAKI porque nos ofrece algo más:

  1. Los sellos monocromos estampados sobre las ilustraciones, con evocadoras imágenes de objetos históricos susceptibles de ser encontrados en una excavación.
  2. La técnica utilizada en las imágenes en sección para grafiar los distintos estratos de la tierra (muy instructiva para los pequeños a la vez que gráficamente estimulante)
  3. El juego en el que nos mete el autor poniéndonos en el punto de vista del protagonista y girando el texto (y el álbum) en función de la impresión del arqueólogo.

Sí, nos ha gustado. En conjunto tiene una estética un pelín tétrica y oscura pero, al fin y al cavo, estamos bajo tierra.
El final nos ha sacado una sonrisa: sí que hay cosas interesantes a poca profundidad, y si no, que se lo pregunten a Tungsteno.

El niño que mordió a Picasso

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A: Antony PenRose F/I: Fotografías de Lee Miller, dibujos de Pablo Picasso y dibujos infantiles  E: Ediciones Siruela, 2010 (1ªE: Thames and Hudson Ltd, Londres, 2010)

Sí pero no. Guapucho feo o feucho guapo.

Por un lado, nos ha resultado interesante. Era difícil hacer un nuevo libro a cerca de Picasso y que éste aportase algo nuevo (somos unos aficionadillos de pacotilla, pero sabemos que hay tropecientosmil que nos hablan de su pintura, de su vida, de su personalidad, sus amores, del rabo de su boina, etc.) Creemos que, en este aspecto, el álbum que hoy os presentamos, da la talla.

Nos plantea la siguiente pregunta: ¿cómo era Picasso a los ojos de un niño? El niño en cuestión es Tony, autor de este álbum, quien conoció a Picasso siendo un pipiolo. Picasso era un gran amigo de sus padres y, a sus ojos, era divertido, juguetón, era un mago manipulando materiales de deshecho, era gracioso y cercano con los niños, pero de vez en cuando, se enfadaba con los adultos. Su chaqueta olía bien, le encantaban los animales, tenía una casa llena de instrumentos extraños, máscaras africanas y pájaros en jaulas, y le gustaba tener todo desordenado.

Pues eso; así era. Todas esas cosas en las que se fija un niño al que le importa un pito QUIÉN es ese amigo de sus padres.

Y todo este relato de anécdotas puntuales queda, de alguna forma (y a veces un poco cogida por los pelos) cosido por las fotografías tomadas por la madre del autor.

Resumiendo nuestra opinión: interesante, fresco, personal, aunque a veces un poco forzada la introducción de alguna de las imágenes; además, el formato no nos acaba de convencer.

Lo mejor: la visión íntima que aportan las fotos de un amigo.

Lo peor: los juegos gráficos con alguna palabra que se quiere remarcar; en nuestra humilde opinión, sobra.

Mi gran árbol

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A: Jacques Goldstyn I: Jacques Goldstyn  E: Tramuntana, 2016 (1ªE: Editions de la Pastèque, Canadá)

“La mayoría de la gente que conozco hacen todas las cosas juntos”

Todos los miembros de la familia KIRIAKI nos hemos identificado con los pensamientos de este infante con gorro de bellota (que para eso nos habla de un roble centenario…)

¿No habéis sentido la necesidad, a veces imperiosa, de manteneros un poco alejados de los demás? ¿de oíros a vosotros mismos? ¿de pensar por vuestra cuenta? ¿de elegir por vosotros mismos? Pues el protagonista de este álbum LO NECESITA. Él es así; es ( o se siente) un niño diferente porque le gusta hacer cosas solo. Y no penséis que se aburre, “al contrario” (aquí expresivas ilustraciones a línea describiendo sus solitarias actividades). Entre todas las cosas, lo que más le gusta hacer es trepar a su árbol preferido. Un gigantesco roble de unos 172 años al que ha bautizado como Titán.

Disfruta de Titán en todas las estaciones, le gustan sus poderosas ramas, sus nudos, sus recovecos. Entre sus hojas nadie le ve, pero él ve a todo el mundo (al señor cura pecar, a la señora Guerrero sisan, al hijo del notario morrearse…) Además, ahí arriba no está solo; está con las ardillas, los cuervos, los búhos, las cigarras, los herrerillos, los cardenales… Subido a su copa ve a kilómetros a la redonda y las tormentas desde ahí son magníficas.

Pero llega una primavera en la que a Titán no le salen hojas. Titán ha muerto. Podría haber sufrido una muerte épica (ser alcanzado por un rayo, serrado por ambiciosos leñadores…), pero no, se ha muerto sin más. Es SU árbol y es SU responsabilidad decidir lo que hace con el “cuerpo”. Así que decide…resucitarlo.

¡Genial! Una idea así sólo la puede tener un niño que piensa por sí mismo, es decir, un niño que disfruta pensando en sus momentos de soledad.

Nos ha encantado y las virtuosas ilustraciones nos han llevado a su terreno.

¡Queremos un árbol al que trepar!

Y comienza un nuevo curso

Horarios, extra escolares, menos día y más noche, lluvia, ¿y?, ¡Tenemos libros! Este curso que empieza pretendemos compartir con vosotros todas nuestras lecturas, las que nos hacen olvidar los horarios, saltarnos las extra escolares, no distinguir entre el día y la noche y ver llover por la ventana desde nuestro sillón de leer.

¡Bienvenidos a todos!

El contador de cuentos

el contador de cuentos

A: Saki (Hector Hugh Muro) I: Alba Marina Rivera E: Ediciones Ekaré, 2008 (1ªE: pertenece a la recopilación de cuentos “Animales y superanimales”, publicada en 1914)

Este álbum ya nos había llamado la atención por su formato singular, más estrecho y alargado de lo habitual, amoldándose a la ilustración que ocupa de manera completa tanto la portada como la contraportada: un vagón de tren. Pero precisamente esta ilustración, tan clásica y, en cierto modo, tristona, no nos había alimentado el impulso de llevárnoslo a casa por unos días.
¡Qué sorpresa nos hemos llevado!

Las primeras páginas parecían corroborar nuestra idea preconcebida: una aburrida tía inglesa, estirada y falta de imaginación, viaja en tren con tres sobrinos; no se sabe desde donde ni hasta donde, pero nos basta con mirarlos para ver que los críos se aburren como ostras y que la señora en cuestión es más sosa que la sota de bastos. No sabe responder a la curiosidad infinita de los requetepulcros chavales eduardianos y, pretendiendo distraerlos un poco, les cuenta un cuento tan soso como ella, en el que la única virtud de su protagonista femenina es ser una niña buena y prudente.

El único viajero que comparte el vagón con este grupillo no aguanta más tras escuchar la lamentable historia y decide contar un cuento de verdad.

En esta ocasión la protagonista también es buena, hasta ha conseguido tres medalla tintineantes por ello (la medalla a la obediencia, a la puntualidad y al buen comportamiento)

Era….horriblemente buena.
Y precisamente esas medallas serán su perdición.

Tras el final de la historia: tres chavales encantados y una sota horrorizada, no puede pintar mejor.

Os lo recomendamos fervientemente. En 1914 también había humor, nos alegramos por ellos.

Se suspende la función

se suspende la funcion

A: Fernando Lalana I: Enrique Flores E: Grupo Anaya, 6ªE, 2009 (1ªE: Grupo Anaya, 2004)

Tampoco nosotros sabemos muy bien porqué pero estas semanas de silencio las vamos a romper con…¡una obra de teatro! Y además, hemos puesto toda la carne en el asador: hemos puesto voces, hemos hecho aspavientos, hemos gritado, hemos susurrado y ¡nos lo hemos pasado pipa! Alguno de los miembros de la familia KIRIAKI aún tiene hipo y algún otro nos ha pedido un intermedio porque, literalmente, se hacía caca de la risa.

Bien, ¿hemos conseguido transmitir que nos ha parecido muy divertido?, esperamos que sí.

Bueno, pasamos a descifrar parte del argumento. Todo ocurre en un teatro. De hecho, se trata de una “no función”. El director está esperando a que los actores salgan a escena para comenzar el ensayo general, pero ahí no aparece nadie. Bueno, están los trabajadores del teatro: los tramoyistas, la mujer de la limpieza, la taquillera, el técnico de sonido y…¿el público?

“¿Qué hacen todos esos ahí sentados?” pregunta el Director con disimulo a uno de los tramoyistas.

Entre explicaciones y diálogos al más puro estilo “Faemino y Cansado” se dan cuenta de que es el día del estreno, la hora del estreno, y de que todos los actores están de baja por enfermedad…

¡Pánico! ¡Risas! ¡Ocurrencias! Si la función no se representa el teatro caerá en bancarrota así que Margarita, la decidida limpiadora coge el toro por los cuernos y propone que sean ellos, los trabajadores, los que representen la función.

Y la función es para leerla. Los anuncios para ganar tiempo y el conjuro de la bruja Maruja, ¡ja, ja, ja!, lo mejor, en nuestra opinión. El portero Cosme, ¡me, me, me!, genio y figura.

¡Genial!

El letrero secreto de Rosie

el letrero secreto de rosie

A: Maurice Sendak I: Maurice Sendak E: Kalandraka Editoria 2016 (1ªE: HarperCollins Publishers, 1960)

Maurice, Maurice, perdónanos, pero hemos llegado a agradecer tus dolencias infantiles, que te postraban largas temporadas frente a tu ventana de Brooklyn y te daban la oportunidad de estudiar a tus vecinos desde las alturas. Sabemos que para ti, las ventanas son algo más que huecos en la pared, te hacen reflexionar sobre “el otro lado”, y el otro lado, en esta ocasión, era aquel en el que los niños corrían, saltaban, reían y se enfadaban; el lado en el que se ensuciaban.

Para Sendak, la fantasía está en lo cotidiano, lo apreciamos en todos sus álbumes, y este no es una excepción. En Brooklyn se vivía en la calle; en las noches de verano, las abuelas (y las madres, cuando acababan la faena), sacaban sus sillas al umbral de sus humildes viviendas unifamiliares (Maurice, has dicho Brooklyn o Castrillo de los Polvazares?)

Rosie (o como se llamase la de Brooklyn) tenía que ser la leche. Los pequeños KIRIAKIs quieren ser sus amigos ¡ya!

“Si quieres enterarte de un secreto, llama tres veces”, ¿hay alguien que se resista a llamar? Y Rosie lo sabe… Al cabo de diez minutos tiene a todos sus vecinos sentados en el patio de su casa esperando enterarse del secreto en cuestión. Ataviada con un enorme sombrero con plumas, un vestido rojo de mujer y unos zapatos de tacón, se ha convertido en Alinda, la bella cantante. Este es el secreto.

A lo largo de cuatro capítulos Sendak nos habla de Alinda y del Hombre invisible; de las invenciones de Rosie, que la rescatan (a ella y a sus amigos) de las largas tardes ociosas.

El Hombre Mágico le ha dicho a Alinda que ya no es Alinda, que ahora puede ser un petardo rojo; y cada uno de los demás puede ser un pequeño petardo plateado ¡¿Qué más se puede pedir?! Toda una tarde petardeando no se puede superar de ninguna manera: silbar, zumbar y estallar hasta que anochece…¡Ay!, ¡Cómo nos gusta!

IN-DIS-PEN-SA-BLE (al menos para la familia KIRIAKI)

La montaña de las tres cuevas

la montaña de las tres cuevas

A: Per Olov Enquist I: Stina Wirsén E: Ediciones Siruela S.A., 2005 (1ªE: Rabén&Sjögren Bokförlag, Suecia, 2003)

¡Pero qué buenos ratos nos está haciendo pasar la literatura juvenil!

Si mezclas a una niña que tiene miedo a soñar con cocodrilos, con unos padres que ante su angustia no hacen más que repetir “-Por favor, intenta comprenderlo, estoy cansado y agotado…-“, y con el abuelo más molón del mundo entero, sale esto: La montaña de las tres cuevas.

Mina siempre acude a su abuelo cuando quiere hablar de cosas importantes, el resto de adultos no están a la altura, y en una de estas charlas se le ocurre a Per Olov, bueno, al abuelo, la idea de ir unos días a su casa al pie de las montañas con sus queridos 4 nietos y 1 mascota. Por supuesto, los padres correspondientes sólo conocen el plan parcialmente, se les ha explicado lo justo.
Entre las cuestiones que no han sido mencionadas está la minucia de que el abuelo pretende hacer una travesía de montaña, ascendiendo una altura considerable, con intención de explorar las tres cuevas que dan nombre al peñasco. Pequeños detalles: la edad del abuelo (calculamos que cerca de 80 años), la de los nietos (entre 7 y 4 años) y la fauna que vive en la susodicha montaña (lobos y osos hambrientos).

Es una historia genial que nos ha enganchado desde el principio. La relación entre abuelo y nietos. La valentía de los chavales, el camino de superación que recorren, aprendiendo los unos de los otros. Hay aventura, acción, miedos que superar, misterio, leyenda. Y hay naturaleza salvaje, sin empaquetar y sin lazo; olor a tierra, a hojas y a musgo que reconocerán los montañeros; y amor por los animales.

Los lobos no han tenido nada que hacer, el libro lo hemos devorado nosotros.
¡Una historia genial!

Osito

osito

A: Else Homelund Minarik I: Maurice Sendak E: Editorial Kalandraka, 2015 (1ªE: 1957)

¿Qué le contestaría Mamá Osa a Osito si ésta fuese de las que hacen cupcakes para impresionar a sus amigas?¿Qué le diría si vistiese a sus oseznos de azul y a sus “oseznas” de rosa? ¿Qué le diría si el “plan especial” fuese ir de paseo a un centro comercial?

Pues suponemos que a la pregunta de Osito: “¿Mamá, a que puedo volar como los pájaros y llegar hasta la luna?” Mamá Osa respondería: “Por supuesto garbancito, eres un osito tan especial que puedes hacer lo que quieras, y con tu prodigiosa imaginación puedes volar hasta los confines del mundo” (corazoncitos brotando del pecho de Mamá…).

Pero, ¿qué responde la Mamá Osa de Else Holmelund Minarik?: “No hijo, tú no puedes volar, es imposible”. ¿Y si luego Osito le pregunta si puede pedir un deseo?:

“- Querría poder sentarme sobre una nube-“
“- Eso es imposible Osito mío-“
“- Pues entonces querría encontrar un túnel que llegase hasta la China-“
“- Eso es imposible Osito mío-“
“- Pues entonces querría… -“. Y así, varios intentos, hasta que:
“- Pues entonces querría que una Mamá Osa viniera y me contara un cuento -“
“- ¡Ah, bueno! Tal vez eso sí sea posible-“

Y tras acceder al deseo, Mamá Osa dice:

“- Pues ahora tú puedes hacer una cosa que me alegre a mí. Puedes dormirte-“

Así, con un par. Aprecia la inteligencia de su retoño, pasa tiempo con él, tienen charlas interminables y tal y como haría con cualquiera que no fuese su Osito, pretende dar respuestas sinceras.

Genial y entrañables estas cuatro historias de Osito. Ilustraciones estupendas de Maurice Sendak que huelen a Cola Cao al lado del radiador.

¿Qué más se puede pedir? Un abrigo de pieles (primera historia) y una sopa de cumpleaños (segunda historia). Bueno, y que Mamá Osa sepa hacer cupcakes…

Rico y Oscar y el secuestrador del súper

rico y oscar

A: Andreas Steinhöfel I: Peter Schössow E: Editorial Bruño, 2011

Sí, se puede decir que Rico es diferente.

Se encuentra un macarrón sobre la acera, lo coge con dos dedos y se dedica a buscar a su dueño entre el vecindario. Puede que se le haya caído a alguien por error, puede que lo eche de menos o puede que un fulano maleducado lo haya lanzado por la ventana (cuestión ésta merecedora de un escarmiento).

Rico razona, a su manera. Piensa mucho, eso sí, pero tal y como explica, las cosas se le escapan de la cabeza, pero no sabe muy bien por donde. Cuando se enfrenta a algo que le descoloca, un gran bombo lleno de bolas rojas comienza a girar en su cabeza y su cerebro se atasca.

También tiene una familia peculiar: madre puta, padre desconocido y vecina más-buena-que-el pan (y tendente a la depresión) que cuida de él cuando su madre se ausenta del domicilio familiar por trabajo. Cada noche, vamos.
Pero amor, no le falta.

En uno de sus habituales vagabundeos por el barrio conoce a Oscar, un chaval tan marciano como él, pero por otros motivos: superdotado, sin madre y con padre hundido-en-el-pozo-de-la-tristeza. Menudo plan ¿eh?

Bueno, pues es una historia genial. Te engancha desde el principio de sus 294 páginas (¡ánimo público juvenil! ¡Merece la pena el esfuerzo!). Estos dos personajes entrañables te hacen reír con sus conversaciones, hay acción, hay misterio, suspense y un final inesperado, digno de los mejores requiebros de los casos de Poirot. Un par de extraterrestres (con más sentido común de lo esperado) resuelven el misterio que tiene en vilo a toda la ciudad.

Lo recomiendan a partir de los 12 años y es el primero de una trilogía (¡yujuuuuuu!)
Para los escépticos: su autor es Premio Nacional de Literatura Juvenil en Alemania.